Castilla y Extremadura: tierras doradas, sombras templadas
En la meseta y las dehesas, los tonos terrosos y dorados se confunden con trigales y encinas. La cal, a veces velada con arcillas finas, crea fachadas suaves que aceptan el sol sin chillar. Los portales proyectan sombras templadas y los zócalos pigmentados protegen del polvo. Aquí, el color abraza el espesor del muro y celebra la inercia térmica, esa máquina silenciosa que guarda frescor a mediodía y calor al anochecer.